Desde hace meses venimos asistiendo al constante bombardeo mediático que señala el 7 de diciembre de este año como el fin de todas las miserias existentes en nuestro país, el fin de la injusticia, el fin del monopolio, el fin de la mentira, el triunfo de una revolución mediática.
Antes de continuar creo necesario señalar que estoy totalmente de acuerdo con el espíritu de la ley de medios, y que no deben existir monopolios informativos. Pero el fin no justifica los medios y la justicia se construye con los medios idóneos para sostenerla.
El escenario es claro, el mayor problema de la argentina son los medios de comunicación, la oposición política son los mismos medios concentrados en manos del grupo Clarin y, como no podía ser de otra manera, un periodista es el jefe de la oposición (Lanata). La política se ha reducido a la nada. Es el gobierno contra los medios.
Pero tranquilos compañeros, todo tiene un final, el 7 de diciembre todo cambiará y el país se habrá librado del mal de un grupo informativo que todos los gobiernos - incluso el presente - han comprado con su pauta oficial y han utilizado para vender su pan podrido a diestra y siniestra para mantener bajo control y desinformado al pueblo argentino.
He aquí el circo planteado, el escenario de la batalla final. Un escenario que paso a paso plantea dantescas escenas de daño a las instituciones y de resquebrajamiento al orden republicano. El Congreso ha sido neutralizado y sus minorías acalladas. El Concejo de la Magistratura vapuleado. Los jueces amenazados. La república desangra en un escenario incierto, más no definitivo.
Tras el gran telón mediático, la nada. Un gran silencio. Una no realidad que no es necesario enfrentar. Todo un país negado.
Si hay algo que nos ha enseñado la estrategia comunicacional de este gobierno es que hay que nombrar las cosas para que existan y sean problematizadas, para así buscarle soluciones. Un gran ejemplo de ello ha sido la cuestión de la violencia de género que tan bien se trabajo desde el comienzo de esta administración, y lo cual desnudó un problema latente en nuestra sociedad y que nadie se atrevía a nombrar. Se nombró a la mujer golpeada, se visibilizó y se la reconoció como sujeto problematizado a quién había que brindarle una solución desde el estado.
Bajo la misma estrategia un manto de silencio cubre los problemas de gran número de argentinos. Inflación, inseguridad, crecientes dificultades en la creación de empleo, economía con niveles de inversión paupérrimos, concentración económica, infraestructura desgastada, niveles de pobreza que dejaron de descender y poco a poco van aumentando, la política que no nombrada también invisibiliza oficialismos y oposiciones. Lo que no se nombra no existe, no está. Hoy millones de argentinos son negados, no existen, no están a los ojos del gobierno.
La situación actual de nuestro país rápidamente me remite a la fábula del rey desnudo. Periódicamente se montaba el escenario para que el rey desfilara con sus lujosos vestidos y joyas mientras el pueblo lo admiraba y lo aplaudía. Un día, el rey salio a desfilar desnudo, y mientras nadie habló, el rey permaneció en su fantasia de lujosos ropajes de telas extrañas que no podían ser visibles a los ojos inexpertos. Pero un niño habló. Un niño nombró lo que no debía ser nombrado. Un niño visibilizó lo que no se quería ver: - El rey está desnudo, gritó, y su desnudez se hizo evidente.
La virtud que tienen las verdades más evidentes está en que incluso en los labios de un niño son verosímiles y aceptadas. Si el poder no quiere hablar, deberá el pueblo hacerse cargo de esa tarea. La presidenta seguirá gobernando como corresponde por mandato constitucional, pero claramente le haremos saber que la argentina está desnuda. Desnuda de política, desnuda de diálogo, desnuda de política económica, desnuda de políticas de seguridad, desnuda de institucionalidad, carente de república.
Así como el mandato de la presidenta está amparado por la constitución nacional, también está amparado nuestro derecho ciudadano de manifestarnos en contra de los atropellos del poder y de resistir aquellas medidas que vayan en contra de la constitución. Mientras se insista en atacar la república, claramente se fortalecerá el movimiento ciudadano de resistencia pacífica y desobediencia civil amparado por el artículo 36 de la constitución nacional. En el marco de la ley todo. Fuera de la ley nada.
Podrán callar a los medios, pero jamas a un pueblo entero.
Antes de continuar creo necesario señalar que estoy totalmente de acuerdo con el espíritu de la ley de medios, y que no deben existir monopolios informativos. Pero el fin no justifica los medios y la justicia se construye con los medios idóneos para sostenerla.
El escenario es claro, el mayor problema de la argentina son los medios de comunicación, la oposición política son los mismos medios concentrados en manos del grupo Clarin y, como no podía ser de otra manera, un periodista es el jefe de la oposición (Lanata). La política se ha reducido a la nada. Es el gobierno contra los medios.
Pero tranquilos compañeros, todo tiene un final, el 7 de diciembre todo cambiará y el país se habrá librado del mal de un grupo informativo que todos los gobiernos - incluso el presente - han comprado con su pauta oficial y han utilizado para vender su pan podrido a diestra y siniestra para mantener bajo control y desinformado al pueblo argentino.
He aquí el circo planteado, el escenario de la batalla final. Un escenario que paso a paso plantea dantescas escenas de daño a las instituciones y de resquebrajamiento al orden republicano. El Congreso ha sido neutralizado y sus minorías acalladas. El Concejo de la Magistratura vapuleado. Los jueces amenazados. La república desangra en un escenario incierto, más no definitivo.
Tras el gran telón mediático, la nada. Un gran silencio. Una no realidad que no es necesario enfrentar. Todo un país negado.
Si hay algo que nos ha enseñado la estrategia comunicacional de este gobierno es que hay que nombrar las cosas para que existan y sean problematizadas, para así buscarle soluciones. Un gran ejemplo de ello ha sido la cuestión de la violencia de género que tan bien se trabajo desde el comienzo de esta administración, y lo cual desnudó un problema latente en nuestra sociedad y que nadie se atrevía a nombrar. Se nombró a la mujer golpeada, se visibilizó y se la reconoció como sujeto problematizado a quién había que brindarle una solución desde el estado.
Bajo la misma estrategia un manto de silencio cubre los problemas de gran número de argentinos. Inflación, inseguridad, crecientes dificultades en la creación de empleo, economía con niveles de inversión paupérrimos, concentración económica, infraestructura desgastada, niveles de pobreza que dejaron de descender y poco a poco van aumentando, la política que no nombrada también invisibiliza oficialismos y oposiciones. Lo que no se nombra no existe, no está. Hoy millones de argentinos son negados, no existen, no están a los ojos del gobierno.
La situación actual de nuestro país rápidamente me remite a la fábula del rey desnudo. Periódicamente se montaba el escenario para que el rey desfilara con sus lujosos vestidos y joyas mientras el pueblo lo admiraba y lo aplaudía. Un día, el rey salio a desfilar desnudo, y mientras nadie habló, el rey permaneció en su fantasia de lujosos ropajes de telas extrañas que no podían ser visibles a los ojos inexpertos. Pero un niño habló. Un niño nombró lo que no debía ser nombrado. Un niño visibilizó lo que no se quería ver: - El rey está desnudo, gritó, y su desnudez se hizo evidente.
La virtud que tienen las verdades más evidentes está en que incluso en los labios de un niño son verosímiles y aceptadas. Si el poder no quiere hablar, deberá el pueblo hacerse cargo de esa tarea. La presidenta seguirá gobernando como corresponde por mandato constitucional, pero claramente le haremos saber que la argentina está desnuda. Desnuda de política, desnuda de diálogo, desnuda de política económica, desnuda de políticas de seguridad, desnuda de institucionalidad, carente de república.
Así como el mandato de la presidenta está amparado por la constitución nacional, también está amparado nuestro derecho ciudadano de manifestarnos en contra de los atropellos del poder y de resistir aquellas medidas que vayan en contra de la constitución. Mientras se insista en atacar la república, claramente se fortalecerá el movimiento ciudadano de resistencia pacífica y desobediencia civil amparado por el artículo 36 de la constitución nacional. En el marco de la ley todo. Fuera de la ley nada.
Podrán callar a los medios, pero jamas a un pueblo entero.