viernes, 21 de septiembre de 2012

La marcha. Simbolismos, cuestiones conceptuales, y el futuro.

 

Después de más de una semana de ocurrida la marcha nacional sin nombre (no me gusta llamarla cacerolazo porque creo que fue más que eso) creo que puedo volcar en algunas líneas varios conceptos sobre la misma.
En principio y como experiencia personal, debo confesar que lo que sentí al estar en el Monumento a la Bandera fue angustia y escepticismo. Como dice un tema de la Bersuit, me pareció estar mirando un museo de grandes novedades. Grandes concentraciones, gente en la calle, cacerolas y banderas: ¿Dónde he visto yo esto antes? Ah, sí, 2001, 2008, entre otras experiencias por lo menos que yo haya vivido, y de ahí surgieron mis sentimientos. Esto ya lo hicimos y nada cambió. 

Con el pasar de las horas se me plantearon dos preguntas. En primer lugar, ¿Por qué nada cambio?
Creo que la respuesta es clara, en no fuimos capaces de sostener la participación en el ámbito público y no supimos canalizarla institucionalmente para darle coherencia y objetivos claros.

 Por otro lado, también creo que se erró en aquellas oportunidades en cuanto al objetivo tal como cuando el Quijote arremete contra espejismos de molinos de viento inexistentes. El problema no era (ni es) el gobierno de turno, el problema claramente está en todo el sistema político argentino que está en crisis. 

A mayor profundización, creo que otro factor que coadyuvo a mermar la participación ciudadana en el espacio público fue el reverdecer económico. En cuanto nos vimos nuevamente envueltos en un contexto de bonanza económica el espacio público fue abandonado masivamente y cada uno volvió a consumir su vida privada, abandonamos al ciudadano para volver al homo consumens que tan bien describe Bauman. En cuanto la crisis no nos afectó no nos importó si alguien quedaba caído en el terreno de antiguas batallas.

Mi segunda pregunta es ¿Sirve para algo esta manifestación ante los magros resultados de manifestaciones pasadas? A pesar de mi escepticismo y luego de pensarlo, creo que sí. Sirve manifestarse en primer lugar para derribar cierto escenario planteado por parte de la sociedad de que el actual gobierno ha instaurado una dictadura. Claramente en una dictadura una manifestación como la del jueves pasado no hubiera sido posible. La ciudadanía tenía varios reclamos, ganó la calle, reclamó, hizo su catarsis colectiva y regresó a su casa sin un mínimo atisbo por parte del poder de tener intenciones de reprimir dicha manifestación. Por otro lado, y pensando en el futuro, creo que la manifestación sirvió como primer paso, como catarsis, pero también como toma de conciencia de que es necesario que nos involucremos en el espacio político para parar avasallamientos de nuestras libertades y para plantear cambios necesarios. 

Como dice Silvio Rodriguez, en este camino habrá muchas sillas que nos inviten a parar como en el pasado lo hicieron, y esas sillas probaran cuán profundo es el compromiso de los manifestantes con la cosa pública y cuanto de individual o colectivo tiene su reclamo.

Finalmente quiero señalar otra inconsistencia de los llamados de los manifestantes, y me refiero al instrumento de la cacerola. Claramente la palabra cacerolazo nos remite automáticamente a la situación del 2001 y creo que es una referencia que debemos desterrar del reclamo actual. Los argumentos son varios. La situación es totalmente diferente a la del 2001, no hay crisis económica sino más bien todo lo contrario, a pesar del desaceleramiento  que viene experimentando la economía los últimos meses. Además no nos encontramos ante un escenario cuasianárquico con un gobierno paralizado sino todo lo contrario, nos enfrentamos a un gobierno que viene por todo y que en cada medida pretende avanzar un paso más sobre la esfera privada que no le corresponde. El escenario difiere del planteado a principios de siglo y ante un gobierno con un gran manejo de su estrategia comunicacional, no se le pueden dar argumentos para la descalificación fácil y chabacana. Ante un nuevo escenario el reclamo requiere de nuevos simbolismos, y sobretodo, que demuestren una madurez democrática que hagan indudable la voluntad de sostener a las autoridades legítimamente elegidas, pero a las cuales se les exigirá firmemente el respeto de derechos y libertades de los ciudadanos.

martes, 18 de septiembre de 2012

Fractura expuesta de la sociedad un jueves cualquiera en la República Argentina - C. Bargach

El jueves próximo pasado asistimos a un hecho inédito  para la sociedad argentina. Miles de personas en toda la Argentina salieron a manifestar en contra de un gobierno, reelegido hace menos de un año con el 54% de los ciudadanos argentinos.

No será materia de análisis cuestiones que ya hemos leído y escuchado por diversos medios opositores u oficialistas a posteriori del evento, porque si algo debemos considerar es que no hubo más que redes sociales a full en la motivación de esa jorrnada, Ningún medio oral o escrito apostaban a tal iniciativa, seguramente porque no serviría a fines identificables y por no conocer por no manejar sus resortes cuál seria efectivamente el resultado de las mismas.
Que las redes sociales son una forma creativa. rápida y económica de comunicación y con plena vigencia en la sociedad argentina, una de las que mayor uso les da, ha quedado claramente demostrado. Que eso no es suficiente ni reemplaza el cara a cara también  lo es.
La fractura expuesta a la que aludimos tiene que hacer en primera instancia una tarea de primeros  auxilios, sacando la intolerancia de ambos lados, la de quienes no escuchan  nada, la de los que descalifican  o minimizan tanto como las que se suman a reclamos legítimos republicanos y democráticos para manifestar  la misma intolerancia o el regreso a formas o personajes no democráticos ni republicanos.
Lo primero que el gobierno debe definir si su modelo y propuesta es revolucionario o se encuadra dentro de un marco democrático. En un sistema como el argentino querer cambiar la constitución por ejemplo y hacer uso de ella para beneficio de una facción o grupo que accede al poder es épicamente  revolucionario pero llega al límite de lo antidemocrático, porque lo democrático es que se gobierne con la plataforma de la mayoría pero escuchando y acordando para el bien común, no el de los políticos intervinientes, una síntesis que incluya a la mayor cantidad de personas, en decisiones que nos involucran a todos. Es saber que son servidores públicos con mandato de cuidar y mejorar algo que nos pertenece a todos, hacerlo con eficiencia y eficacia y sabiendo que su paso por la función  pública tiene el límite en el tiempo que la constitución les da.
Cuando era chico y veía catch, estaban los buenos y los malos, los buenos eran buenos pero muchos de los malos respetaban las reglas cuando jugaban a su favor, pero después no las respetaban cuando le jugaban en contra, pegar golpes bajos, en el break por ejemplo era bueno cuando los beneficiaba, transgredirlas también, o sea llegar por vía democrática pero utilizarlo para zafar de las formas que no les gusta no solo no es bueno para todos sino que es el mal ejemplo que no se debe dar, aunque parezca superficial ese ejemplo jugando aprendíamos que el bueno cumple su palabra aunque incumplirla lo beneficie.
Una de las criticas más escuchadas por el gobierno es que los manifestantes no tenían una propuesta en común y su diversidad  o que deberían hacer un partido político. ¿ Porque tendrían que hacerlo, porque no se puede ser diverso o haber votado al gobierno inclusive y manifestar?.
Trataré de sintetizar a mi entender los vectores que en forma mayoritaria cruzaron en reclamo del jueves:
a.- Respeto a la Constitución
b.- Rechazo a cualquier forma de Re-relección
c.- Rechazo a niveles de comunicación desafiantes y autoritarios (como el uso de la cadena nacional)  o del mismo tipo que surgieron a posteriori de la marcha.
d.- Rechazo a cualquier  intento de cercenamiento de libertades individuales, sociales, políticas y hasta económicas.
e.- Inseguridad recurrente y sin soluciones concretas ni adecuadas
f.- Percepción de altos niveles de corrupción y complicidad de la justicia y el poder ejecutivo en el ocultamiento o defensa de involucrados en casos recientes y sonados (Once, Boudou etc).

Esta síntesis no desconoce que el gobierno ejerce legítimamente su programa de gobierno, pero dentro del marco democrático y respetando la Constitución que juró, como en tantos otros casos si considera legitima la reelección indefinida o que los menores de 16 años voten (es decir temas sensibles que modifican de por sí su ejercicio en el poder) debería impulsarlos para cuando los actuales integrantes de ese poder ejecutivo no ejerza el mismo.
Estos y otros datos podrán ser motivo de análisis del gobierno que como un Chavez Jr recibió un cross de maravilla y sonriendo dijo no paso nada, ok puede ser una estrategia pero si al menos tomaran  nota y corrigieran seria bueno así también.
En cuanto a la oposición política partidaria también tiene su desafío, como generar programas creíbles y liderazgos aceptados por amplios sectores de la sociedad. Para ello deben tener en cuenta que la  OPOSICION se opone, justifica sus posturas y no es complaciente aún cuando el gobierno tenga amplia mayoría propia, la NO POSICION ya no es bien vista por amplios sectores de la sociedad, el problema es que quienes han ejercido lo antedicho difícilmente sean creíbles  posteriormente o peor se los vea sobreactuar de manera lastimosa.
Esta síntesis rápida e incompleta deja muchos desafíos para organizaciones como la nuestra.La capacitación, el sano debate, la motivación sobre el compromiso ciudadano y el aportar una sólida fuerza que contribuya a la transparencia electoral, tan cuestionada como tantos otros puntos  son desafíos de esta hora que REC con sus limitaciones pero con entusiasmo, asume por los tiempos por venir.
Muchos sensatos ciudadanos partidarios de este gobierno u opositores deberán tender puentes de convivencia democrática, plural diversa con respeto y afecto, a fin de mejorar la ARGENTINA de todos y dar ejemplos de muchos NUNCA MAS a las generaciones futuras, esa es la tarea.

Claudio C. Bargach

miércoles, 12 de septiembre de 2012

¿La defensa de qué Constitución?

 
A partir del rumor instalado por varios medios y por ensayos mediáticos de ciertos sectores del oficialismo acerca de una posible modificación de la Constitución Nacional para habilitar la re reelección de la actual mandataria CFK, algunos sectores sociales y políticos han planteado la defensa de la constitución en pos de evitar la re reelección. Ante esta postura yo me pregunto ¿Qué Constitución llaman a defender?

Dado que el llamado a la defensa sin cuarteles de la Constitución Nacional fue posterior a los rumores de posible reforma para habilitar la reelección, supongo que estos sectores llaman a defender la actual estructura del poder y la alternancia de personas en el ejercicio del mismo. Dicho llamamiento puede sonar lógico, incluso loable y susceptible de ser acompañado, pero también implica, a contrario sensu, que el resto de la Constitución estaría hasta el momento siendo cumplida y no necesita ser defendida.

En el actual marco político, en el cual el gobierno desarrolla sus acciones con un marcado sesgo autocratico, creo evidente decir que la Constitución Nacional viene siendo violada sistemáticamente, tanto por este como por los anteriores gobiernos en varios de sus puntos, y que ha sido especialmente atacada en sus fundamentos por el gobierno actual en cuanto al régimen republicano y federal de gobierno que establece el artículo 1 de la Carta Magna. Muchos gobiernos han incumplido y soslayado el amplio contenido de derechos que tiene nuestra constitución reformada en el 94, pero este gobierno ha dado peligrosos pasos en post de debilitar el estado de derecho en la Argentina.

Entonces, si podemos afirmar que la Constitución viene siendo violada sistemáticamente hace bastante tiempo y por varios gobiernos ¿Qué vienen a reivindicar los sectores que llaman a detener la re reelección? La respuesta es clara: quieren su participación en el régimen político tal y como viene funcionando desde 1983 a esta parte. No reclaman el actual cumplimiento de todos y cada uno de los puntos que marca la ley fundamental, no se rasgan las vestiduras ante el atropello del federalismo, o la desaparición de la república. No, los subleva el no poder ser parte del poder en las actuales condiciones o parecidas, sin necesidad de aplicación actual del texto constitucional en su totalidad.

Para aclarar la cuestión me gustaría referirme aquí al concepto de régimen político que da Bobbio en su Diccionario de Política, donde define:  “Por régimen político se entiende el conjunto de las instituciones que regulan la lucha por el poder y el ejercicio del poder y de los valores que animan la vida de tales instituciones” Diccionario de Política (13a ed., págs. 1362 - 1366). México: Siglo Veintiuno Editores. Es a partir de esta definición que me atrevo a afirmar que tanto los actuales detentadores del poder como aquellos que reclaman por la no re reelección pertenecen y defienden el mismo régimen político. Tanto los actuales gobernantes como los partidos opositores -si es que el término partido significa todavía algo en la Argentina- constituyen y defienden las instituciones que regulan el poder y comparten una escala de valores que animan dichas instituciones. Lo que los no re reeleccionistas denuncian es una ruptura en las reglas del régimen tal y como se venía desarrollando, más no denuncian al régimen en sí, del cual son parte y al que dan vida junto con el oficialismo.

Este mismo razonamiento puede aplicarse al caso que plantean ciertos llamados o convocatorias a movilizaciones populares en contra del cristinismo. Plantear un cambio de actores dentro del mismo régimen político no cambiara la forma del manejo del poder en la Argentina. No cambiará la corrupción q constituye una columna fundamental de este régimen, no cambiara la debilidad estructural que presenta hoy por hoy la república sin Parlamento presente y con una justicia dependiente del poder de turno. Y finalmente no cambiará el esquema unitario del  manejo de los fondos federales. Cambiaran los actores, los roles de ciertos jugadores dentro del esquema de poder, pero el juego y las reglas serán las mismas.

Como corolario al planteo desarrollado cabe preguntarse entonces, ¿Qué hay que cambiar? La respuesta en lo personal es clara: el régimen político. En términos de mi posteo anterior, el paradigma dominante. Sin un cambio profundo en la configuración institucional de la república, nunca habrá contrapeso en los poderes. Sin una profunda reestructuración del sistema impositivo y de la coparticipación federal, un país federal nunca verá la luz. Sin un cambio de valores rectores el sistema seguirá teniendo los mismos resultados con tan sólo un cambio de protagonistas. Para accionar sobre la realidad hay que tener bien claro qué es lo que queremos cambiar y hacia donde queremos dirigirnos, sólo así nos encaminaremos hacia un cambio posible. Los valores están, la sociedad comienza a despertar del sopor del auge económico, falta marcar claramente cuál es la dirección y finalmente elegir, una vuelta al pasado o un salto al futuro.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Evasión fiscal, corrupción y la crisis del paradigma dominante




En este artículo trataré de señalar cómo las últimas medidas adoptadas por la AFIP respecto al cepo cambiario vienen a desnudar a la evasión fiscal como una parte importante del paradigma dominante y cómo estos últimos cambio ponen en crisis dicho paradigma.

Para el desarrollo de este artículo, observaremos a la sociedad argentina a partir de la dialéctica planteada por Kuhn de paradigma dominante y paradigma alternativo trasladado al análisis social. Según Kuhn, «Un paradigma es lo que los miembros de una comunidad científica, y sólo ellos, comparten». Trasladando esta definición al ámbito social, podríamos afirmar que el paradigma dominante esta dado por lo que los miembros de una comunidad comparten como basamento para el desarrollo de su vida en sociedad.
En la sociedad argentina, el paradigma dominante tiene como columna vertebral a la corrupción, tanto en el ámbito público como en el ámbito privado, y dentro de ella se inserta la evasión fiscal aplicando la matriz de corrupción a la relación fisco-contribuyente. Hasta el momento el paradigma se desarrollaba con un pacto social silencioso y por todos aceptados que implicaba un nivel de evasión fiscal que el fisco iba a tolerar, y en base a ello se desarrolló un sistema impositivo con alícuotas altísimas, un sinnúmero de impuestos y una gran maraña de leyes que alcanzaban para cubrir esa cuota que el contribuyente había acordado con el fisco que le otorgaría para la satisfacción de las necesidades públicas.

Kuhn señala que hay anomalías en todos los paradigmas, y  que se descartan como niveles de error aceptables, o simplemente se ignoran y no se les tiene en cuenta. En la Argentina son fáciles de detectar. Ante el paradigma actual hay niveles de pobreza aceptables, niveles de corrupción pública y privada aceptables, niveles de analfabetismo aceptables, y así podríamos seguir enumerando. Externalidades del sistema. Anomalías que se aceptan o ignoran para mantener el status quo.

¿Pero que sucede cuando el Estado rompe el pacto silencioso de impunidad y por distintas razones – en este caso la necesidad de detener la fuga de dólares- avanza por sobre el contribuyente más allá de lo acordado dentro del paradigma?

A partir de la batería de resoluciones generales de la AFIP que han ido restringiendo poco a poco la disponibilidad de dólares, y que ha resultado en una automática restricción al movimiento internacional de los argentinos, la pata fiscal del paradigma de corrupción ha empezado a crujir. El ciudadano tenía garantizado un nivel de tributación, lo cual luego tenía como consecuencia indirectas un cierto grado de libertad de movimiento, de compra internacional y de ahorro en dólares, por lo menos para ciertos sectores sociales. Hoy ese acuerdo está roto y el paradigma cruje. El propio gobierno que, como actor central, aceptaba y practicaba la evasión fiscal estructural del sistema viene ahora, con la ley en la mano, a pretender su total aplicación, por lo menos en cuanto a fuga de dólares se refiere. El contribuyente queda atrapado. Atrapado por la propia estructura legal que no lo ampara en una situación en la que el fisco va por todo. Atrapado físicamente ya que no puede viajar libremente con el fruto de su trabajo. Atrapado productivamente, ya que no puede realizar inversiones que requieran recursos globales. Atrapado por un organismo del estado al servicio del poder para perseguir a aquél que diga algo en contra de la política oficial. Finalmente, y afectando sobretodo a quienes se encuentran en los escalones más bajos de la sociedad y que procuran avanzar, atrapado en la realidad de no soñar, en la realidad que sólo te habilita pesos cuyo valor se escapa de las manos como granos de arena y que no permite soñar un futuro basado en el ahorro, un futuro de progreso social.

Las reglas han cambiado unilateralmente. Se exige mayor tributación y se obtiene menor libertad. Estas anomalías del paradigma son señaladas y el cuestionamiento al paradigma dominante se hace presente.
Todo esto deriva en una segunda y última pregunta ¿Estamos dispuestos a un cambio de paradigma que no tenga a la corrupción como columna vertebral? Hoy se cuestiona al gobierno con sus medidas, pero el cambio de paradigma nos involucraría a todos. La evasión fiscal que permite el actual modelo no es trasladable un paradigma alternativo donde la ley sea el eje fundamental que regule las relaciones sociales y que se aplique a todos por igual. ¿Daremos el paso de cambio de paradigma o nos adaptaremos a la nueva situación del paradigma dominante?¿Estamos dispuestos a un nuevo contrato moral?