
A partir del rumor instalado por varios medios y por ensayos mediáticos de ciertos sectores del oficialismo acerca de una posible modificación de la Constitución Nacional para habilitar la re reelección de la actual mandataria CFK, algunos sectores sociales y políticos han planteado la defensa de la constitución en pos de evitar la re reelección. Ante esta postura yo me pregunto ¿Qué Constitución llaman a defender?
Dado que el llamado a la defensa sin cuarteles de la Constitución Nacional fue posterior a los rumores de posible reforma para habilitar la reelección, supongo que estos sectores llaman a defender la actual estructura del poder y la alternancia de personas en el ejercicio del mismo. Dicho llamamiento puede sonar lógico, incluso loable y susceptible de ser acompañado, pero también implica, a contrario sensu, que el resto de la Constitución estaría hasta el momento siendo cumplida y no necesita ser defendida.
En el actual marco político, en el cual el gobierno desarrolla sus acciones con un marcado sesgo autocratico, creo evidente decir que la Constitución Nacional viene siendo violada sistemáticamente, tanto por este como por los anteriores gobiernos en varios de sus puntos, y que ha sido especialmente atacada en sus fundamentos por el gobierno actual en cuanto al régimen republicano y federal de gobierno que establece el artículo 1 de la Carta Magna. Muchos gobiernos han incumplido y soslayado el amplio contenido de derechos que tiene nuestra constitución reformada en el 94, pero este gobierno ha dado peligrosos pasos en post de debilitar el estado de derecho en la Argentina.
Entonces, si podemos afirmar que la Constitución viene siendo violada sistemáticamente hace bastante tiempo y por varios gobiernos ¿Qué vienen a reivindicar los sectores que llaman a detener la re reelección? La respuesta es clara: quieren su participación en el régimen político tal y como viene funcionando desde 1983 a esta parte. No reclaman el actual cumplimiento de todos y cada uno de los puntos que marca la ley fundamental, no se rasgan las vestiduras ante el atropello del federalismo, o la desaparición de la república. No, los subleva el no poder ser parte del poder en las actuales condiciones o parecidas, sin necesidad de aplicación actual del texto constitucional en su totalidad.
Para aclarar la cuestión me gustaría referirme aquí al concepto de régimen político que da Bobbio en su Diccionario de Política, donde define: “Por régimen político se entiende el conjunto de las instituciones que regulan la lucha por el poder y el ejercicio del poder y de los valores que animan la vida de tales instituciones” Diccionario de Política (13a ed., págs. 1362 - 1366). México: Siglo Veintiuno Editores. Es a partir de esta definición que me atrevo a afirmar que tanto los actuales detentadores del poder como aquellos que reclaman por la no re reelección pertenecen y defienden el mismo régimen político. Tanto los actuales gobernantes como los partidos opositores -si es que el término partido significa todavía algo en la Argentina- constituyen y defienden las instituciones que regulan el poder y comparten una escala de valores que animan dichas instituciones. Lo que los no re reeleccionistas denuncian es una ruptura en las reglas del régimen tal y como se venía desarrollando, más no denuncian al régimen en sí, del cual son parte y al que dan vida junto con el oficialismo.
Este mismo razonamiento puede aplicarse al caso que plantean ciertos llamados o convocatorias a movilizaciones populares en contra del cristinismo. Plantear un cambio de actores dentro del mismo régimen político no cambiara la forma del manejo del poder en la Argentina. No cambiará la corrupción q constituye una columna fundamental de este régimen, no cambiara la debilidad estructural que presenta hoy por hoy la república sin Parlamento presente y con una justicia dependiente del poder de turno. Y finalmente no cambiará el esquema unitario del manejo de los fondos federales. Cambiaran los actores, los roles de ciertos jugadores dentro del esquema de poder, pero el juego y las reglas serán las mismas.
Como corolario al planteo desarrollado cabe preguntarse entonces, ¿Qué hay que cambiar? La respuesta en lo personal es clara: el régimen político. En términos de mi posteo anterior, el paradigma dominante. Sin un cambio profundo en la configuración institucional de la república, nunca habrá contrapeso en los poderes. Sin una profunda reestructuración del sistema impositivo y de la coparticipación federal, un país federal nunca verá la luz. Sin un cambio de valores rectores el sistema seguirá teniendo los mismos resultados con tan sólo un cambio de protagonistas. Para accionar sobre la realidad hay que tener bien claro qué es lo que queremos cambiar y hacia donde queremos dirigirnos, sólo así nos encaminaremos hacia un cambio posible. Los valores están, la sociedad comienza a despertar del sopor del auge económico, falta marcar claramente cuál es la dirección y finalmente elegir, una vuelta al pasado o un salto al futuro.
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